Había una vez una zapatería que tragaba señoras. Señoras grandes, señoras chicas, señoras feas, señoras lindas, señoras gordas y señoras flacas. Cada vez que alguna pasaba cerca de la vidriera ¡GLUP! La arrancaba de la vereda y se la tragaba.
Los esposos, preocupadísimos, se pusieron de acuerdo para cerrar la zapatería. Se juntaron descalzos (por si acaso) frente a la puerta y trataron de atajar a cada mujer que entraba, pero no había manera: la atracción era demasiado fuerte y las damas se filtraban como si nada. Incluso se perdieron, por accidente o por error, varios hombres valiosos durante esta misión.
Tras el fracaso de los esposos, el agujero pareció envalentonarse; creció la fuerza, tamaño y apetito, hasta que llego un día e todas las mujeres de la ciudad fueron devoradas. Semejante glotonería provocó lo inevitable: el agujero se hinchó como un globo y luego expulsó con un ruidoso estallido miles de sandalias, botas, pantuflas y prisioneras.
Ese mismo día la zapatería cerró y todas las mujeres volvieron contentas con sus maridos, que las esperaban con la comida lista.
